Elige tu voz
Hace unos días tuve una conversación con una profesional cuya presencia digital ya está consolidada. Trabaja en el ámbito de la salud y tiene seguidores en canales como LinkedIn e Instagram. La gente acude a ella en busca de discernimiento, orientación y, a veces, ayuda directa. Su personalidad en línea es clara: rigurosa, basada en hechos, apoyada en teoría y orientada a objetivos.
Mientras trabajábamos en su narrativa, me hizo una pregunta sencilla pero delicada: ¿podría introducir algo de humor en su comunicación?
Mi instinto fue decir que sí. La conozco bien, y su humor es inteligente, sutil y seductor. Surge en conversaciones serias con la capacidad de sorprender y desarmar. Mi primer impulso fue pensar: ¿por qué no compartir este hermoso don con su audiencia? Pero me detuve. Reflexioné. Y entonces respondí que no.
¿Por qué? Porque su audiencia más relevante no está en disposición de ser entretenida. Está en dolor, preocupada por su salud. Busca claridad, no diversión. Un humor sutil podría fácilmente pasar desapercibido o, peor aún, sonar como una nota disonante en una conversación que afrontan desde la vulnerabilidad y la necesidad.
La narrativa debe ser siempre auténtica, pero autenticidad no significa proyectar sin filtro todo lo que se nos ocurre. En la conversación que establecemos con nuestro público como marca personal, elegimos un ángulo: el ángulo de la relevancia. Es la perspectiva que hace que nuestra audiencia sienta que vale la pena pasar tiempo con nosotros, porque tenemos algo valioso que ofrecer.
Ese ángulo se define no solo por la información que entregamos, consejos, ideas, noticias, sino también por la forma en que la entregamos. Nuestra voz, nuestro tono, nuestro ritmo: todos son parte del mensaje. Y deben ser elegidos. Una vez elegidos, salvo que exista una razón de peso, conviene mantenerlos con consistencia.
En este caso, su voz cálida y profesional ya es de confianza. Encierra la seriedad y el cuidado que su audiencia necesita. Preservar esa voz es más valioso que intentar diversificarla con humor.
El filósofo Hans Georg Moeller, con su concepto de profilicidad, nos recuerda que en la esfera digital ofrecemos constantemente un perfil de nosotros mismos al público. Ese perfil no es una proyección aleatoria de todo nuestro ser, sino un rostro curado que elegimos mostrar, el que se alinea con lo que nuestro público necesita y espera.
Mi invitación es esta: haz una elección consciente y ética sobre tu voz. Elige el tono que esté en sintonía con tus valores y con las necesidades de tu audiencia, y mantenlo. La claridad genera familiaridad, la familiaridad se convierte en confianza. Y la confianza, al final, es el activo más valioso de cualquier marca personal.



